Y tú, ¿recuerdas la primera vez que escuchaste hablar de Doñana? Por más memoria que hagas, difícilmente te podrás remontar a los inicios de este entorno privilegiado. Pero sí puedes imaginar cómo era este paraje natural sinigual unos diez siglos antes de Cristo. Por aquel entonces cuentan algunos textos antiguos que sobre Doñana se asentaba la mítica Tartessos. Otras civilizaciones como los Etruscos, los Fenicios e incluso los Griegos también dejaron su huella imborrable. Hoy en día pueden encontrarse algunos restos romanos escondidos por sus arenas.

Algunos expertos, como el arqueólogo estadounidense Richard Freund, de la Universidad de Hartford, llegan incluso a sostener que la legendaria Atlántida se encontraba en este Parque Nacional, pero un tsunami la dejó sumergida bajo su costa. Algo que nunca se ha podido comprobar, de ahí ese tinte de leyenda, pero que suma un dato más al amplio anecdotario que guarda Doñana.

Doñana, la conquista de la nobleza

Mucho tiempo después, cuando el reino de Niebla es conquistado por Alfonso X el Sabio en 1255, Doñana empieza a gozar de popularidad como un coto de caza privilegiado. Solo apto para sangre azul. A finales del siglo XIII adquiere los terrenos del parque la Casa de Medina Sidonia, propiedad que tuvo durante seis siglos.

Aunque hay varias teorías, una de las más extendidas y aceptadas es que el nombre de este paraje proviene del coto de descanso que mandó construir Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor –séptimo duque de Medina Sidonia– junto al actual Palacio Doñana para su esposa, Doña Ana de Silva y Mendoza. Cuentan que fue en ese palacio donde tiempo después el mismísimo Goya pintaría a sus afamadas majas con la duquesa de Alba como modelo. Pero eso es otra larga historia.

 

El Ministerio de Agricultura planteó desecar la zona para plantar un eucaliptal. Un joven biólogo llamado José Antonio Valverde evitó la tragedia

 

Palacios y coto de caza

Durante el tiempo que la Casa de Medina Sidonia fue propietaria de Doñana, el parque sufrió una intensa actividad como lugar de caza. Nobles, reyes y un sinfín de personajes ilustres pasearon y disfrutaron de los encantos naturales del coto. En  estos tiempos se construyeron las torres alminaras de San Jacinto, Zabalar, Carbonero y La Higuera, para vigilar la costa. Mediante hogueras, visibles desde las torres, se avisaba una posible invasión por mar. La de La Higuera es la más conocida, el terremoto de Lisboa de 1755 la arrasó y hoy solo se aprecian sus cimientos en la orilla de la playa de Matalascañas.

La historia de este espacio cambió con la llegada del siglo XX. En 1900 los Medina Sidonia vendieron los terrenos al bodeguero Guillermo Garvey por setecientas cincuenta mil pesetas. Fue entonces cuando se construyó el Palacio de las Marismillas, residencia de veraneo de los presidentes del Gobierno de España.

José Antonio Valverde, el biólogo que salvó Doñana

Hasta mitad de siglo el principal motor del parque fue la caza. Se intentaron diversos cultivos, sin éxito, y al final el aprovechamiento de la madera fue el que casi hace que no podamos disfrutar de la Doñana que conocemos hoy en día. En tiempos de Franco, el Ministerio de Agricultura planteó desecar la zona para plantar un eucaliptal. Un joven biólogo llamado José Antonio Valverde evitó la tragedia.

Valverde, junto a Francisco Bernis –fundador de SEO/BirdLife–, había visitado Doñana en los años 50 en una expedición científica. Fue entonces cuando vio el impacto ecológico de estas tierras. Un espacio por el que pasan más de doscientas mil aves acuáticas y en el que conviven más de trescientas especies. Valverde pidió al príncipe Bernardo de Holanda –reconocido naturalista– que intercediera por el parque y este le envío una carta a Franco, aunque fue escrita por el propio José Antonio Valverde. Franco desechó la idea del ecualiptal entonces y protegió el parque.

 

Hoy en día es un paraje natural de belleza infinita. Un espacio que recorrer, que sentir, que disfrutar. Un lugar en el que perderse, pero también encontrarse

 

Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad

Ya en 1963 se funda en Doñana el Fondo Mundial para la Naturaleza, conocido como WWF por sus siglas en inglés (World Wide Found). Y este fondo con veintiún millones de pesetas compra las seis mil setecientas noventa y cuatro hectáreas que componen el núcleo del parque como reserva natural. Seis años más tarde, en 1969, el Gobierno de España crea el Parque Nacional de Doñana, al que se le suma el parque natural en 1989. Algo antes, en 1980 la UNESCO clasifica el parque como Reserva de la Biosfera y en 1994 como Patrimonio de la Humanidad.

El parque ha sufrido varias ampliaciones más. En 1997 superó las ciento diez mil hectáreas y en 2016 las actuales ciento veintiocho mil. Hoy en día es un paraje natural de belleza infinita. Un espacio que recorrer, que sentir, que disfrutar. Un lugar en el que perderse, pero también encontrarse. En el que los días son más días y las noches más noches. Siente la luz del Parque Nacional con +QDoñana, porque nadie como nosotros te enseñará cómo vivir Doñana.

 

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